



No hay forma de empezar a revisar mi colección de SNES sin este maravilloso juego. Fue Super Mario World lo que me hizo querer una SNES en primer lugar. Todo es tan vívido, desde los gráficos hasta la música, todos los secretos y el mapa del mundo... Recuerdo haberlo jugado principalmente en tiendas: iba allí todos los sábados y jugaba una hora o algo antes de que el dependiente me expulsara. Siempre lograba llegar al Vanilla Dome, y lo que había más allá fue un misterio durante años. Mis padres me lo compraron años después de su lanzamiento, una copia usada, y se nota: la cajas ya estaba muy rasgada. Pero en aquel entonces no me importaba, lo único que importaba era poder jugar Super Mario World tanto como quisiera.