



La primera vez que jugué Marble Madness, fue en Genesis. Recuerdo haberme interesado en sus visuales geométricos, su concepto y la aparente libertad para resolver los rompecabezas. Mi interés se vio aplastado por la inercia de la canica y el diseño de niveles sádico, pero fue divertido, a pesar de todo. El juego parecía haber sido portado a todas las consolas y computadoras del mercado en ese momento; no había forma de evitarlo. Esta adaptación para Game Boy sufre de un clásico screen crunch, pero en general es un buen juego, con la condición de que juegues con cuidado y despacio.