



Me enamoré instantáneamente de Killer Instinct en cuanto lo vi por primera vez en las salas recreativas. Para mí, representa la cumbre de los juegos de pelea, tanto en estética, diseño y música. La jugabilidad quizá no sea tan profunda como otros referentes del género. Pero todo lo demás es tan llamativo y exagerado que no pude resistirme a su atractivo. En ese momento no tenía aún una SNES, así que cuando vi esta conversión para Game Boy en la tienda, me quedé pasmado: de alguna manera nunca había oído hablar de ella antes, incluso en las revistas de videojuegos que compraba regularmente. Esta versión portátil es buena, conserva la mayor parte de las características del original y es divertida de jugar. Cabe señalar que, a diferencia de cualquier otro juego de lucha de esta consola, Killer Instinct fue desarrollado principalmente por parte de algunos del personal que trabajó en la versión de arcade: podría ser la conversión más fiel de arcade a Game Boy que existe, desde la perspectiva de un desarrollador.